Has estado preparándote para esto sin siquiera darte cuenta. Durante las últimas semanas, tus carreras se han medido en tiempo: correr durante tantos minutos, caminar durante tantos otros y, finalmente, correr sin parar durante un tramo determinado.
Una semana de transición es el momento en el que todo cambia. A partir de aquí, tus objetivos se miden en distancia, y ya estás entrenando oficialmente para correr 5 km.
Puede parecer un gran salto. Pero, en realidad, no es así. Es el siguiente paso lógico, y ya has hecho el trabajo necesario para que sea posible.
Cómo has llegado hasta aquí
Todos los planes para principiantes en el running siguen una estructura similar, porque se trata de una progresión que da buenos resultados. Empezaste con sesiones de «caminar-correr»: breves ráfagas de carrera intercaladas con descansos programados para caminar, lo que permitía que tu cuerpo se adaptara a correr sin exigirle demasiado demasiado pronto.
La semana de transición es cuando hay que dar un paso más allá. Una vez que hayas completado suficientes sesiones de «caminar-correr» según tu plan, sabemos que tu cuerpo está listo para pasar de correr por tiempo a correr por distancia, sin parar.
A continuación, pasas a correr de forma continua, manteniendo un ritmo relajado durante toda la sesión sin pausas para caminar. Cada fase fue sentando las bases para la siguiente, sin hacer mucho ruido.
Por qué es importante este cambio
Lo mejor es empezar por pasar tiempo de pie. Te quita la presión del ritmo y la distancia y te permite centrarte en lo único que importa al principio: acudir y ponerte en marcha. Pero los 5 km son un objetivo de distancia y, en algún momento, tu entrenamiento tiene que ir a la par con la línea de meta.
Medir la distancia de tus carreras tiene varias ventajas. Vincula tu entrenamiento directamente con tu objetivo, de modo que cada sesión supone un paso claro hacia la carrera de 5 km. Te ayuda a familiarizarte con las sensaciones que producen las diferentes distancias cuando se corre a un ritmo suave. Y esto supone un hito: has pasado de correr unos pocos minutos a entrenar para recorrer una distancia determinada, lo cual no es moco de pavo.
¿Qué cambia realmente?
Menos de lo que podrías pensar. Tu forma de correr no cambia: seguirás corriendo principalmente a un ritmo que te permita mantener una conversación, lo suficientemente relajado como para hablar con frases completas. Lo que cambia es la forma en que se describe la sesión. En lugar de «correr durante 20 minutos», verás la distancia que debes recorrer.
Hay algo que conviene recordar: que se base en la distancia no significa que cada carrera sea más larga. Tu plan seguirá variando, con algunas sesiones más cortas y otras más largas, todas ellas por motivos distintos. El objetivo nunca fue correr lo más lejos posible. El objetivo es ir avanzando poco a poco hasta poder correr 5 km, y tu plan sabe exactamente cómo ayudarte a conseguirlo.
En resumen
La semana de transición es un hito, así que haz que se sienta como tal. Ya has alcanzado el nivel físico necesario para correr largas distancias, y los 5 km están totalmente a tu alcance. No te exijas demasiado, confía en el plan y disfruta del hecho de que ahora estás entrenando como el corredor en el que te has convertido.


